Vals Im Bashir (ואלס עם באשיר) es un impresionante documental animado,
escrito, actuado y dirigido por el director israelí Ari Folman, nominada
a los premios Oscar edición 2009 como mejor película extranjera. Quien a
sus diecinueve años participó en la guerra del Líbano que lo llevaría a
participar en la masacre de los campamentos palestinas de Sabra y
Chatila en 1982 dando soporte a los grupos cristianos falangistas que
perpetrado la eliminación sistemática de cientos de personas luego del
atentado que cobró la vida de presidente electo Bashir Gemayel, cuyo
asesinato fue instigado por Israel cuando este quiso aplazar el inicio
de las relaciones con Israel-Líbano.
Mediante animaciones en Flash y 3D CGI, Ari Folman hace una impresionante gama de reflexiones sobre su experiencia en la guerra, con decenas de momentos que ganan mucho con este formato animado en vez de uno formal, que me recuerdan la Guerra Interminable de Joe Haldeman, creando así, una película preciosista y potente.
La cinta analiza un hecho histórico, sus consecuencias y los que participaron directa e indirectamente del mismo para una gran reflexión sobre el proceder de Israel hasta nuestros días, que pareciera haber olvidado el propio sufrimiento judío bajo la Alemania Nazi, perpetrando e instigando a los mismos actos ruines que tanto condenan y persiguen.
Trama
Una noche en un bar, un viejo amigo de cuenta al director Ari Folman que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de bestias. Los dos hombres la conclusión de que hay una conexión con su misión el ejército israelí durante la primera Guerra del Líbano de los años ochenta ya que su amigo recuerda que le ordenaron disparar a cada uno de ellos para que no delataran su posición.
Ari se sorprende de que él no puede recordar nada más de ese periodo de su vida salvo por un escena onírica de bengalas cayendo sobre Líbano mientras un grupo de él y sus amigos salen del mar viéndose rodeado de mujeres que lloran. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y compañeros de todo el mundo. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo. Ari escarba cada vez más profundamente en el misterio, sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes oníricas.
Se da cuenta de que conforme avanza en su investigación los recuerdos que llegan de la nada lo guían a enfrentarse con una realidad que no deseaba conocer, los dilemas morales de un episodio nefasto de su vida que lo confronta con la misma experiencia que unas décadas atrás sus padres sufrieron en Auschwitz con lo alemanes.
Crítica
Como un documental o todo documental, la narración cambia de acuerdo al entrevistado, así que cada historia es un microcosmos independiente que se entrelaza para construir la idea general de lo sucedido en Sabra y Chatila, que nos va a recordar claramente a cintas sobre la guerra de Vietnam como Pelotón (1986), Pecados de Guerra (1989) o la más famosa Apocalipsis ahora (1979)
La escena que da título a la película en realidad ocurrió, al llegar a ese punto lo onírico se vuelve un clímax temático de lo absurda que puede llegar a volverse, como algunos otros relatos que son impresionantes, algunos destacables como lo que le ocurrió al segundo al mando de un grupo de tanques que tuvo que lanzarse al mar para huir de sus enemigos luego de que su tanque fuera destruido.
En cuanto a la animación, debo decir que es excepcional punto por punto, los efectos, la fluidez, la atmósfera a un punto que estas viendo una película más que un documental. Los nombres son reales no se inventan nada, en muchos aspectos parecería producto de técnicas de rotoscopia, aunque hay mucha animación 3D detrás y animación vectorial.
A su director le tomó cerca de 4 años completarla y dado el resultado bien valió la pena. Imprescindible pieza de cine bélico.
Mediante animaciones en Flash y 3D CGI, Ari Folman hace una impresionante gama de reflexiones sobre su experiencia en la guerra, con decenas de momentos que ganan mucho con este formato animado en vez de uno formal, que me recuerdan la Guerra Interminable de Joe Haldeman, creando así, una película preciosista y potente.
La cinta analiza un hecho histórico, sus consecuencias y los que participaron directa e indirectamente del mismo para una gran reflexión sobre el proceder de Israel hasta nuestros días, que pareciera haber olvidado el propio sufrimiento judío bajo la Alemania Nazi, perpetrando e instigando a los mismos actos ruines que tanto condenan y persiguen.
Trama
Una noche en un bar, un viejo amigo de cuenta al director Ari Folman que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de bestias. Los dos hombres la conclusión de que hay una conexión con su misión el ejército israelí durante la primera Guerra del Líbano de los años ochenta ya que su amigo recuerda que le ordenaron disparar a cada uno de ellos para que no delataran su posición.
Ari se sorprende de que él no puede recordar nada más de ese periodo de su vida salvo por un escena onírica de bengalas cayendo sobre Líbano mientras un grupo de él y sus amigos salen del mar viéndose rodeado de mujeres que lloran. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y compañeros de todo el mundo. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo. Ari escarba cada vez más profundamente en el misterio, sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes oníricas.
Se da cuenta de que conforme avanza en su investigación los recuerdos que llegan de la nada lo guían a enfrentarse con una realidad que no deseaba conocer, los dilemas morales de un episodio nefasto de su vida que lo confronta con la misma experiencia que unas décadas atrás sus padres sufrieron en Auschwitz con lo alemanes.
Crítica
Como un documental o todo documental, la narración cambia de acuerdo al entrevistado, así que cada historia es un microcosmos independiente que se entrelaza para construir la idea general de lo sucedido en Sabra y Chatila, que nos va a recordar claramente a cintas sobre la guerra de Vietnam como Pelotón (1986), Pecados de Guerra (1989) o la más famosa Apocalipsis ahora (1979)
La escena que da título a la película en realidad ocurrió, al llegar a ese punto lo onírico se vuelve un clímax temático de lo absurda que puede llegar a volverse, como algunos otros relatos que son impresionantes, algunos destacables como lo que le ocurrió al segundo al mando de un grupo de tanques que tuvo que lanzarse al mar para huir de sus enemigos luego de que su tanque fuera destruido.
En cuanto a la animación, debo decir que es excepcional punto por punto, los efectos, la fluidez, la atmósfera a un punto que estas viendo una película más que un documental. Los nombres son reales no se inventan nada, en muchos aspectos parecería producto de técnicas de rotoscopia, aunque hay mucha animación 3D detrás y animación vectorial.
A su director le tomó cerca de 4 años completarla y dado el resultado bien valió la pena. Imprescindible pieza de cine bélico.







